BITÁCORA: Mogwai – Young Team (Deluxe Edition, 1997)

mogwai_young_cdEs darle al PLAY, esperar unos segundos y entrar despacito, con aquellas notas de bajo, esa guitarra brillante, ese sonido de batería extrañamente fino que aún hoy día me sorprende. Los creadores de una obra tan extensa como va siendo la de Mogwai con los años, nos enseñaron sus cartas hacia arriba ya en aquel primer disco (si obviamos demos y maquetas previos). Un estreno que no sabíamos ubicar en nuestra estantería en el que se mezclan lo sinuoso, dulce en ocasiones y lo enérgico tensionado a un nuevo espacio donde entre el ruidismo se encuentran ellos a sus anchas desenmarañando capas y capas de fuzz. Sonriendo. Son tejedores, pequeñas arañas capaces de tejer telas inmensas en comparación a su escaso tamaño. Concentrados en cada hilo, pero sonriendo cuando aparecen errores y nuevos ruidos en mitad de los directos. Quizá esa sea una de las claves en su creación, el error y forzarlo de nuevo para avanzar y añadirlo a lo ya existente. No se llega a ser Mogwai queriendo ser Mogwai, se llega a ser Mogwai porque quizá no se pueda ser otra cosa y esa es la gran equivocación que comparten aquellos/as que les pretenden emular. “Like Herod” viene alimentada de una leyenda en la que en sus primeros tiempos no hacían sino quemar y quemar amplificadores en sus conciertos. Quizá provenientes de esos cortes del silencio lleno de intención y distorsión a bajo volumen y el paso a lo físico tengan parte de culpa. Sí, en tu primer concierto compruebas que tu caja torácica es eso, una caja, hueca. Físico. Una maravilla dicho sea de paso. “Katrien” es otra de esas líneas de bajo magistrales que nos encamina de nuevo a otro momento glorioso. Esa forma de mantener unas guitarras reventando distorsión bajo otras más limpias con una voz narrando justito en el centro de todo.

La flexibilidad en la producción, las incontables líneas, capas, texturas y divertimentos que proponen al oído ya eran inabarcables en este “Young Team”. Todo un decálogo de cómo y qué hacer. Y de qué no vas a ser nunca capaz de igualar, ojo, marcando un género, un hacer más allá del “sube y baja” que pareció orientar a los/as sucesores/as. Tensión, más tensión, una tensión que no te esperabas, parada en seco. PERFECCIÓN. “Radar Maker” es preciosismo y conlleva eso de sorprenderte disfrutando de un piano con 20 años. Memorable. Gracias. “Tracy” posee esa magia del estreno, en mitad del disco el mundo ya no es tan sencillo. Se han enseñado las cartas, se deja una sorpresa para el final. Pero “Tracy” es Mogwai, es orfebrería marca de la casa. Joya, materiales nobles, calor, precisión y las manos manchadas como buen orfebre. La línea de bajo, la batería sonando fina. No creo que sólo de guitarras viva una gran banda. “With Portfolio” con otro de esos pianos sobre el que jugar con el ruido. Esa pieza que no explicabas cuando intentabas explicar qué eran Mogwai. Tienen subidas y bajadas pero no son grunge, es instrumental, meten voces recitadas, hay guitarras noiseras a lo Sonic Youth… Lo tienes que escuchar. Mola. Están brutales. “RU Still In 2” cantada, con una toma de voz valiente. La voz desnuda, indefensa, humana y un trémolo de libro de nuevo. “Cherry Wave”, piano final. Un claro interludio a lo que se viene. Podría haber sido el comienzo del disco e ir con “Mogwai fear satan” después, pero entonces no hubiera habido retorno posible. Y llegamos, última parada “Mogwai fear satan”, o esa canción de 16 minutos y 16 segundos. No puedo evitar el recuerdo de cerrar mis sesiones como pincha cds con esta canción en plenas fiestas del Carmen. Sí, así se amanecía en el Botxo. Aquel era mi “the end”, aquel era el momento de parar después de una gran noche, de respirar un poco, de ver que estábamos bien todos/as y que detendríamos el reloj en ese instante con una foto mental cabeceando, tocando instrumentos invisibles. Por mucho que se remasterice poco había que retocar, hasta la flauta está bien.

Por: Jon Koldo L. Salas (Bandcamp)

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