Crónica: Zu en Alicante

-6 de diciembre de 2016
-Sala Marea Rock, Alicante
-Zu + La Plata

-“Joder, vamos un poco pegaos, eh”, comento a unos amigos de camino al concierto-. Son las nueve y algo de la noche cuando llego a la Sala Marea Rock en Alicante, un local de corte noventero no muy grande pero con encanto. Parecía que en cualquier momento se fueran a subir al escenario Mudhoney o Dinosaur Jr.

Aunque la realidad puso un contrapunto a mi imaginación con la aparición en el escenario de La Plata, grupo proveniente de Valencia que tuvo el honor de telonear a Zu. Durante aproximadamente media hora el conjunto despliega un repertorio lleno de rasgueos de guitarra muy new wave, melodías de punk edulcorado y voces desenfadadas. Todo ello apenas apoyados en el escenario (a pie de pista). Sirva de anécdota que los miembros de Zu quisieron mantener su equipo tal y como lo iban a usar durante la actuación desde el montaje y prueba de sonido.

Termina La Plata y salgo del local a tomar un poco el aire. Una birra y un cigarro para un cuerpo que aún no sabía la que le esperaba a continuación. La falta de continuidad entre las dos propuestas, sin embargo, me rondaba la mente. Obviamente la decisión de los teloneros no se había tomado teniendo en cuenta criterios estilísticos. Alguien interrumpe mi disquisición mental: -“Para adentro, Zu van a empezar”-.

Atentos todos al escenario: Zu toman posiciones. En estricta horizontalidad. Una alineación de sus tres componentes que se entiende mejor cuando avanza el concierto y se observa la equidad de la presencia de cada uno de ellos dentro del desarrollo de los temas.

Suena “The Unseen War” y se abren las fauces del infierno de par en par. –“¡El volumen está altísimo!”-, escucho comentar a malas penas a alguien cerca de mí. Ante nosotros tenemos a un saxofonista, un batería y un bajista trabajando a piñón en la construcción de un muro sonoro de dimensiones y acabados épicos.

La formación es heterodoxa, las canciones, el proyecto en sí, también. Zu muestran un firme empeño en transgredir la forma tradicional de banda de metal, encarnando a la perfección una de las múltiples vías de entender el post-metal, aunque en continuo y agradecido diálogo con sus estructuras y recursos tradicionales. Con especial atención a las estructuras armónicas del black metal y las cadencias del math. Además también hay jazz  y paisajes muy cercanos al ambient. Todo mezclado consiguiendo una sacudida sonora de categoría.

Y es que los italianos son un despliegue constante de ritmos sólidos y matemáticos al mismo tiempo. Ritmos interrumpidos por quiebres muy pronunciados que sin previo aviso alteran la percepción del oyente. Como encerrar súbitamente a una manada de búfalos en estampida en un laberinto.

Los temas de su último disco, el cual estaban presentando, “Cortar Todo” (Ipecac Records, 2015) tal como “Rudra dances over Burning Rome” o el que da nombre al susodicho, se suceden alimentando una atmósfera lóbrega y rota. Pese a la versatilidad del bajista, los registros más explotados por el grupo son los terrosos, oscuros, como si una masa amorfa y espasmódica se acercara lentamente hacia ti. La hegemonía de las frecuencias graves con la que los italianos apresan el ambiente tan solo queda excusada por eventuales raptos freejazzísticos por parte del saxofonista, y algún que otro aporte del primero.

“Cortar todo, en particular, nos muestra a unos Zu llevando el recurso de la repetición a la enésima potencia. Una nota cortante de bajo talando a contrapié un ritmo igual de inmutable de batería durante prácticamente tres minutos. Sensación que volvemos a recordar durante la interpretación de “Obsidian”, recayendo el peso esta vez en un saxo marcando el camino a seguir.

A esas alturas de la actuación ya andaba todo cortado y bien cortado. En general, fue un concierto que se sintió más en el pecho que en cualquier otra parte del cuerpo.

No es de extrañar que el comienzo de “Ostia” sonase un tanto irónico; para hostia la que nos estábamos llevando los asistentes (nada que ver; “Ostia” hace referencia a su ciudad de procedencia, de ese mismo nombre). Este tema suena un tanto más dinámico que el resto del concierto, por cierto. Procedente de su mítico “Carboniferous” (Ipecac Records, 2009) el tema nos muestra a la perfección la capacidad del grupo para enrevesar la estructura de un tema a base de mil y un cambios sin perder un ápice de fuerza. Lo de Järmyr a la batería es simplemente espectacular. Con una pegada y una técnica impecables recorría a través de infinitos golpes y quiebros el pulso que marcaban sus compañeros. Un par de veces me restregué los ojos esperando ver luego a Brian Chippendale sobre el escenario, pero no. Igualmente, poco -o nada- que envidiar. Chapeau.

La visita a este LP continua con “Chthonian”. La oscuridad ansiosa imperante en todo el concierto se explicita en el riff de bajo de este tema, al tiempo que paradójicamente se alcanzan momentos de calma tensa. Nadie se atrevería a ponerle un punto sobre las íes al trío, que como comentábamos trabajan con una rigurosidad -y un volumen- implacable.

Pensando en alejarme de las primeras filas el concierto llega a su fin. Aparentemente. Tras un par de minutos los italianos vuelven al escenario para ofrecer una coda de dos temas con los que exprimir lo poco que queda de un público totalmente absorbido por un agujero negro, formulado de forma rotunda y concienzuda desde una intensidad sonora épica, opaca y accidentada.

Volvimos a casa con los oídos pitando, el corazón más ancho y los ojos como platos, deseando volver a esa tierra indómita y ardua gobernada por los italianos con puño de hierro y mathematis euclidiana.

Texto: José Joaquín Sánchez Ríos (epesdepeapa / La Josephine)

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