Crónica: Swans en Murcia

// 14 de octubre de 2017
// Garaje Beat Club, Murcia
// SWANS + BABY DEE

A eso de las 22:00 de la noche llego a la Sala Garaje Beat Club. Entre toda la gente que ya hay esperando para entrar se percibe una emoción inusitada, y es que en la ciudad de Murcia no estamos precísamente acostumbrados a que se dejen caer por estos lares talentos a la altura de Gira y compañía. Triste, pero cierto. En cualquier caso, los organizadores del festival WAM (que vino a ocupar el hueco dejado por el antiguo SOS) tuvieron el buen gusto de programar este concierto de presentación de su próxima edición, y aquí estábamos nosotros para aprovechar la ocasión.

Al poco comienza su actuación Baby Dee, artista elegida por la banda para acompañarlos en esta gira, en la que recordemos despiden formación –y probablemente concepto-. Acompañada únicamente por un guitarrista, en poco más de media hora que dura su concierto, el duo lleva a cabo un austero pero efectivo repertorio a guitarra, acordeón y voz.  Música de cabaret melancólica con el pequeño aunque profundo barniz épico con el que lo baña la voz de esta multi-instrumentista procedente de Ohio.

A momentos me pregunto que estaría pensando Gira para hacer esta elección que parece no despertar demasiada coherencia con su propuesta (igual es eso lo que buscaban, una actuación previa más autónoma a la suya en ese sentido), a otros, consigo leer entre líneas cierta relación en el aspecto melódico con el Gira de Angels of light.

En cualquier caso, el concierto fue bastante breve, al igual que lo fue la posterior aparición de Swans. La presencia de Gira en el escenario es simplemente brutal; desprende talento sin proponérselo. Algo me chirría de entrada, sin embargo, y es la ausencia de Thor Harris, sustituido por Paul Wallfish a los teclados. No presto demasiada importancia a esa intuición de entrada de todos modos.

Unos últimos retoques. Comienzan. Y lo hacen con ese torrente indescrifable y multi-paisaje no editado –todavía- al que vinieron a llamar “The Knot”. La masa sonora que producen los neoyorquinos es profundamente poliédrica: Compacta y cruda aquí, etérea y frágil allá; en medio, transiciones perfectamente concebidas y ejecutadas. Transiciones que duran cinco, diez, treinta minutos. Swans han conseguido cristalizar un sonido y una puesta en escena personal y bien sólida, reverberando muchas y muy buenas referencias (suena post-metal, suena post-punk, suena kraut, suena ambient, suena drone) pero sonando siempre a ellos mismos. “The Knot” se estira hasta límites insospechados. Al alcanzar la primera hora prácticamente se hace el silencio en el escenario. Me giro y un amigo me dice: “Ése ha sido el primer tema”. De cualquier otra banda me habría costado creerlo.

De repente irrumpe la frase de bajo de reminiscencia arábica de “Screen Shot”, corte magistral con el que abrían su anterior largo “To be Kind” (2014). Súbitamente, toda  la energía que la banda había desplegado hasta la estratosfera durante el primer corte aterriza en un plano más conciso y matemático, ayudado por una lectura excelente a nivel rítmico por parte de Phil Puleo a la batería.

A todo esto, el volumen con el que trabajan es brutal. No tardo mucho en ver a gente sacando tapones, a otros tapándose los oídos como buenamente pueden y a otros directamente abandonando la sala. Aunque no demasiado, a esta altura del concierto sí que percibo la ausencia de Harris como multi-instrumentista. Si bien es cierto que el trabajo de Wallfish es impecable, echo en falta la retaguardia sonora que suponía los aportes del primero, cuya excelente versatilidad contribuían en mayor grado a la consecución de esa sensación de brutalismo místico.

La precedencia sumada al buen gusto del propio tema en cuestión, hace que Screen Shot resulte incluso un poco corta. El rito continúa con “Cloud of Unknowing”, corte extraído de su última publicación “The Glowing Man” (2016). La banda sigue profundizando en los pilares de su propuesta, un torrente de sonido que a veces arrastra y a veces explota, con los denominadores comunes de la repetición y la tensión, retroalimentándose para dar lugar a una experiencia casi mística en la que Gira se erige como chamán soberano. Su voz profunda irrumpe aquí y allá dando brochazos de humanidad sobre todo el muro de sonido figurativo en el que la banda suele desenvolverse. Definitivamente, decir que has estado en un “concierto” de Swans es una expresión que no hace justicia a todo lo que su puesta en escena supone.

La banda no deja de sorprender, soltándonos de repente “The Man who Refused to be Unhappy”. En éste, el bajo de Pravica machaca un ritmo a dos octavas alternadas acompañado a la perfección por el guiño motorik de Puleo. Las cuerdas y el aporte de Wallfish a los teclados culminan a la perfección un corte algo más dinámico que desemboca en el final “The Glowing Man”.

Gira y los suyos se entregan a un último conjuro en el corte que da nombre a su último trabajo. “No, no, no no, no, no, no, no, no, no” se encana en proferir un Michael Gira que recuerda al Dios Jano en la pose y el discurso; epicentro absoluto de este cosmos maelstrómico que ahuyenta y convoca a todos los demonios al mismo tiempo.  La parte central del tema se vuelve especialmente árida cuando se empeñan en machacar una y otra vez la misma nota, acompañada por golpes alternados de caja y bombo y platillo, especialidad marca de la casa. Estas incesantes repeticiones te desnudan el espíritu y te dejan a merced total de los torbellinos desplegados a continuación. Torbellinos que van paulatinamente dibujando unas formas un tanto más concretas, un último pulso kraut que nos recuerda a los primeros Swans al tiempo que nos avisa del final del concierto.

Los músicos se retiran y con ellos el mantra y la trascendencia .Habían concluido más de dos horas de un ritual que se hizo corto a pesar de lo largo. Dos horas de un ritual que acaban con mis oídos pidiendo piedad y un sentimiento de profundidad mágica y oscura en la cabeza que perdura.

Texto: José Joaquín Sánchez Ríos (epesdepeapa / La Josephine)

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