BITÁCORA: Godspeed You Black Emperor! – F#A#infinity (1997)

GY!BE_F♯_A♯_∞

1.The dead flag blues  (16:27)

-Intro. Drone, máquinas, voz en off, pesimismo, corrupción, medios de comunicación, postcapitalismo, depresión, muerte y unos violines sobre eso que ahora reconocemos como drone y que de aquellas era “ruidismo” por ejemplo. Más allá de su demo en cassette (limitada a 33 copias) el estreno de GYBE! venía sin caras, como antes. No hacía falta verles, de hecho, después, te sorprendías más cuanto más conocías sobre este colectivo. Hasta 10 músicos firman el estreno de la banda estrella del sello Constellation Records. La imagen y la negación de ella, la imagen y lo importante de sus visuales y el amor a las cintas en los directos para reforzar y concretar su discurso. Lo político, lo social, lo musical, lo evocador, lo artístico. La magia puesta sobre la mesa con las mangas levantadas, lo haremos despacio pero no vamos a explicar el truco.
-Slow moving trains. Un homenaje al blues del delta y el sonido de los trenes de los años 20/30?. Ese sonido marca de la casa que descubres cómo ejecutan en directo y no puedes hacer sino aplaudir (en silencio absoluto). Facilidad, plasticidad también en su forma de llevarlo a cabo. Un ritual en el que sólo ellos/as conocen qué normas se han establecido en ese “no hay normas”.
-The cowboy. Me encaja con Manta Ray, con aquellos héroes del prepostrock y creadores de aquel “Score” que desde Asturies abrieron puertas con su música. Supongo que por eso me fue más fácil la asimilación de los canadienses. Norte. Épica crepuscular como muy pocos han sabido crear sin excesivo efectismo (artificial). Desnudez incluso y falta de producción intencionada.
-Outro. Glockenspiel. Muy de la época. A finales del milenio y en sus comienzos parecía imprescindible el uso de este instrumento, de pianos infantiles, de xilófonos y demás elementos similares. Personalmente, me encantan. Delicadeza, inocencia.

2. East Hastings (17:58)

-…Nothings alrite in our life/The dead flag blues (reprise). Un agitador/iluminado frente al silencio ensordecedor que le rodea. Soledad. Angustia. Un guiño a Syd Barret? El primero de varios?
-The sad mafioso. De nuevo esa melodía increíble. Esas notas con el ir y venir esconden una de las frases y progresiones que hacen que el postrock sea postrock. Fragilidad. Imposible pensar una canción así si la tocaran músicos obsesionados con la ejecución, los tiempos, la digitación y todas esas historias. Esto, es otra liga. Vas a grabar en directo sin pinchar nada durante quince minutos. Si fallas y lo demás esconde magia, se queda. No estás solo, no eres tú. No hay tú. No necesita estar perfecta en ese sentido, eso se ajusta con un programa y buenas manos y ojos. No lo vas a doblar. No hace falta escuchar, no hay que sentir. GYBE! quieren lo opuesto en su resultado, quizá a veces sea lo único que busquen. Tu emoción, la de ellos/as mismos/as. Voces temblorosas. Un pequeño tarareo nada más. Lo justo para que no se pierda el alma entre palabras e idiomas. Aceleremos. Ya no hay director de orquesta, no hay individuos. El colectivo crece y sólo mueve la cabeza. No hay sonrisas. Ésto es serio. Ronda un “hagamos algo memorable” en cada respiración. No hacen falta roadies, sí que necesitamos el equipo por duplicado. No necesitamos que monten por nosotros/as, sí que hace falta acompasar hasta la propia respiración a lo que suena. Danny Boyle lo vió claro. No va a quedar nada.
-Drugs in Tokyo/Black helicopter. Si no existieran les habríamos tenido que crear en contraste al “se debe hacer…”, al “así funciona”, al “ellos/as lo hacen así…”. Las grandes frases. Existe otra forma de hacer las cosas. Exprimiendo el mismo equipo coral. Otorgan belleza, otorgan texturas. Los momentos nunca son iguales.

3. Providence (29:02)

De Hank Williams Jr a John Lee Hooker.
-Divorce and fever. Soñemos. Flotemos. Sin prisa. Pequeños interludios entre grandes canciones. Grandes interludios entre pequeñas canciones
Dead Metheny. Neurosis en los tiempos de “Eye of every storm/A sun that never sets”. El nexo del “post” al final reside en la luz. Con GYBE!, roja. Con Neurosis ya os contaremos en otra ocasión. De nuevo las cuerdas se alzan, lo clásico al servicio de un engranaje capaz de barrer nuestras memorias y reubicar estos instrumentos como “hacedores de postrock”. El ir sumándose, crear diferentes escenarios, diferentes mundos sobre los que desplegar esa manera de escuchar, sentir y vomitar música. Esa tensión creativa no forzada y no buscada. Intuición, espontaneidad, nervio. Final fallido (si pensamos en lo que son capaces hoy día). Importa poco a estas alturas.
Kicking horse on Brokenhill. Segundo guiño a Syd Barret?. De nuevo el recuerdo de Manta Ray. Esas melodías circulares que surgen en una tarde lluviosa de domingo en la que no quieres ver la TV y te encuentras medio recostado/a en el sofá. Más bien hundido. Los sofás generadores de grandes canciones. Militancia. Cielo crepuscular, un gran cañón, una montaña escarpada, un húmedo bosque cerrado, un desierto que supera el horizonte, una llanura helada, un barco destartalado sobre una gigantesca extensión de agua. GYBE! son la banda sonora de una sociedad que se viene abajo en constante cambio.
String loop Manufactured during downpour. Drone analógico, no de loop y repetición milimétrica. Del otro, del de cinta. Sólo quedan eso, ecos. Todo está infectado a estas alturas.
J.L.H. (Outro). Aún queda una chispa, algo que puede que encienda lo próximo como muerte de lo actual. Pese a no ser, el colectivo seguirá luchando. John Lee Hooker.

Por: Jon Koldo L. Salas (Bandcamp)

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