Mauro Beltrán – “Mueren de pie los árboles que no saben crecer” (2015)

maurobeltran_cdMauro Beltrán, el hombre detrás del proyecto unipersonal Crimson Mourn del que ya os habíamos hablado por esta web hace tiempo, ha vuelto a la actividad compositiva con un trabajo sobresaliente. En esta ocasión dejándose de nombres artísticos, mostrándose tal y como es, lo mismo que hacen los 12 cortes de este disco a lo largo de sus dos horas y media de duración. En un principio puede chocar lo excesivamente largo del trabajo, pero tratándose de un redondo ambiental, en ningún momento se hace pesado. Eso sí, requiere de unas cuantas escuchas para ser capaz de percibir todos los detalles que esconden sus piezas. Un disco que narra sus 4 últimos años de vida. El paso de la adolescencia a la madurez. Aún nos cuesta creernos que estas trabajadísimas canciones hayan salido del trabajo de un chaval de tan sólo 22 años. Pero así es. “Mueren de pie los árboles que no saben crecer” se inspira en una de los períodos vitales más maravillosos del hombre. Una época en la que nuestra mente se abre al mundo y busca descubrir e indagar en mundos que nunca antes nos hubiésemos pensado que existían. Y esa transición se inicia con “El momento de crecer”, bien arrancada con una pertinente cuenta atrás que da paso a anárquicos sonidos que terminan ordenándose y desembocando en un climax de ritmo y energía controlada en el ecuador de la canción. Ahí llega el momento de despertar, el momento en el que todo cambia y empezamos una nueva aventura.  Ambición, ganas de crear, pero con cautela. Es lo que parecen decir las notas sueltas que se encargan de poner fin a esta intro de 11 minutos. A partir de ahí, nos encontramos con piezas puramente ambientales y relajantes. Melodías nostálgicas en “Manos que dividen el viento no sujetan el viento” como esa mirada atrás hacia nuestra niñez que nos deja consternados. Similar historia nos cuenta “Sus caras eran paisajes”, probablemente la de un primer amor cuando apenas conocíamos su verdadero significado. La madre del disco la encontramos en el sexto corte, un tema de 24 minutos en el que nos abre las puertas un piano con regustillo a banda sonora. Pocos arreglos y ligera instrumentación para una canción atrevida por su extrema duración, pero una apuesta totalmente acertada. “Los soñadores construyen distancias” sigue en la misma senda que su predecesora. Una pieza neoclásica que perfectamente podría aparecer en el repertorio de grandes del género como Ólafur Arnalds, por ejemplo. Llevamos ya casi dos horas y el disco ha cumplido su objetivo, ha conseguido hacernos desconectar por completo del mundo y nos ha transportado a su universo particular. Navegamos en una nube sobre paisajes relajantes y no queremos que el viaje termine. Pero en los últimos kilómetros, el horizonte cambia y entra la electrónica en “El Desfiles de los extraños”. Disparos de sintetizadores y samplers por doquier. No nos esperábamos ver esto por aquí. Pero lo cierto es que no desentona, sino que sorprende lo bien que ha encontrado su hueco entre tanto relax. Esa traca final nos ha despertado del sueño, pero para que la vuelta a la realidad se lleve mejor, “Nuestra piel es la única jaula” y “Mirar y no ver nada” nos dan la mano y ayudan para que volvamos a abrir los ojos y veamos la realidad con otra mirada. Aún queda toda una vida por delante. Y si en algún momento queremos volver a soñar, no tenemos más que volver a darle al play.

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