Cleft – “Bosh!” (2014)

cleft_bosh!Cleft son un dúo de turbo-prog (como ellos mismos se denominan) procedente de la grisácea Manchester, con una gran proyección dentro del panorama experimental británico. Poco se ha escrito sobre lo que parece una nueva oleada de bandas que podríamos denominar como instrumentales-experimentales-progresivas que en estas tierras inglesas están floreciendo en grandes cantidades en los últimos años. Por citar algunas de las más destacadas, nos encontraríamos con That Fucking Tank o The Physics House Band, que parecen beber del legado de los ya grandes And So I Watch You From Afar o los japoneses Lite que llevan años revolucionando el mundo del rock instrumental. En este contexto asomarían la cabeza estos dos chavalotes con apariencia nerdy a los que más que juguetear con ordenadores les encanta encerrarse en su local y componer canciones.

Formados en 2011, comenzaron su aventura musical con la publicación de dos EPs de presentación al año siguiente y ofreciendo infinidad de conciertos a lo largo y ancho de la isla británica. Siendo residente en la ciudad de los hermanos Gallagher, es prácticamente imposible no haber asistido nunca a un concierto de Cleft ya que prácticamente cada mes organizan un par de citas donde suelen invitar a pequeñas bandas de diversos géneros para que se den a conocer. A base de iniciativas como esta, han conseguido meterse en el bolsillo a un buen número de seguidores incondicionales y llegar hasta los oídos de promotores de grandes festivales como el ArcTanGent de Bristol o el StrangeForms de Leeds, ambos centrados principalmente en la música instrumental y experimental, y que no han dudado en incluirles en su line-up.

“Bosh!” es su puesta en largo, su primer larga duración, con un estilo más enfocado y unas ideas más claras que sus antecesores. 10 cortes llenos de intensidad y composiciones imposibles donde hipnóticas guitarras se combinan con inteligentes ritmos de batería. Una de las mayores pegas que uno escucha cuando discute con alguien sobre música instrumental suele ser la falta de voz, y este es uno de esos discos donde la voz ni está ni se le espera. Es más, en el caso de “Elephant in the Bar Room”, esa incorporación de lineas vocales me parece completamente sobrante y uno de los pocos (o único) fallo del plástico. No obstante, obviando este detalle, “Bosh!” nos regala joyas como Hostage, 12 Second Panda o Ghost Thighs, donde es muy fácil perderse entre tanta maraña rítmica y melódica, pero a la vez se sigue un orden elegante y lógico.

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