Lisabö – Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen (2018)

La espera ha sido larga, el aterrizaje forzoso y sin preaviso. Memoria, fuego, noches y amaneceres entre montañas y curvas donde las lenguas son tan antiguas como los nombres propios. Donde a veces es complejo controlar la emoción, la rabia y la capacidad de trascender líneas. Unidos/as a unas raíces que nos trascienden. Herederos/as y viajeros/as de un sustrato que no pueden robarnos. Las heridas y los siglos. Estar al lado no es estar junto a. No podéis. Desnudos/as con el corazón expuesto sobre los primeros copos de nieve que serán las primeras gotas. Nuestros sueños son los escondites de nuestras realidades que nunca serán pero fueron. Las espaldas llenas de lastres y las cabezas pensativas intentando no caer a pesar de saber. Si hubo un final es aquel que nos enseñaron a no seguir. Justo al lado de la cuerda a la que agarrarnos cuando la soledad nos acompaña, justo en ese instante en el que la lluvia es lo único que respiramos. La espectacularidad de lo que es inevitable. Estábamos avisados/as, somos tan pequeños/as frente a la inmensidad de lo que no somos capaces de comprender que somos esas hormigas recorriendo una pared pensando en el conjunto. Los olores nos hacen ver nuestras almas en el pasado. Estamos frente a frente hablando sin entendernos más allá de las palabras. Ojalá existiera esa manera de decirlo. Ojalá inventemos el modo. Ojalá seamos capaces de soñarlo, mientras tanto agarra mis miedos y súmalos a los tuyos. Tallaremos nuestros nombres en bosques de colores bajo su luz para recordar el camino de vuelta. El camino entre nuestros temores. El camino entre sus miradas de incomprensión y ausencia de razones. Golpea el suelo. Golpéalo hasta hacer temblar los cimientos de nuestras existencias. Aún es posible, siempre que seamos nosotros/as. Siempre que seamos capaces de abstraernos de la imagen que proyectan de nosotros/as. Esta guerra no va de prisioneros/as. Va de silencios. No hemos destrozado nuestros pies sobre las ramas secas para nada. No en esta ocasión. Las vidas pasarán a ser vacíos y las sonrisas crepitar de hojas secas. Las cenizas, sólo quedarán las cenizas tras el incendio de nuestras existencias. Lo llamaremos vida hasta encontrar una palabra mejor y más larga. Sí, esa distancia entre llanto y llanto. Entre dolor y calma. Porque el sonido ya no quiere ser canción, porque en nuestras manos no puede ser sólo eso. Nanas para conciencias. Nanas al fin y al cabo que nos adormecen y calman. Las manos ensangrentadas porque transportamos nuestra propia vida.

Ha llegado el momento de abrazar. De morder hasta saber de qué estamos hechos. De que la arena no se nos escape una vez más y las preguntas sean algo más que dudas razonables sin respuesta. ¿Para qué ser?. ¿Por qué querer?. El sol no gira para ti, la lluvia no desaparece porque sea un día especial para ti. Nada es importante fuera de ti porque no eres nada. ¿Duele?. Imagina darte cuenta hace mucho y seguir creyendo en algo. Choque de capacidades y carencias. Choque de inquietudes que llegan tarde, demasiado para saber qué ha pasado y dónde nacen los ríos que serán mares. Respira. No pasa nada. Para volver, hay que haber estado y nunca llegamos a solas. Olvida si quieres lo aprendido. Olvida si quieres lo incorpóreo del alma que es subconsciente. Una hoja en blanco a punto de ser cortada en cientos de pedazos para lanzar al cielo y acabar sobrevolando nuestras posesiones. Hasta que el mundo se detenga. No creas que las islas no acabarán desapareciendo a tu alrededor. Cuando hayas visto los límites tus ojos estarán demasiado cansados. Respira y cierra los ojos. Todo gira y se retuerce. Todo es barro, óxido, piedra y agua. Nos miramos sin reconocernos. Ya no. No quedan aristas en este círculo. Horadadas las cumbres y desvirtuadas las memorias sólo queda dar un nuevo paso. Apagar la luz y pensar que sin cambiar nada cambiaremos todo porque parecemos abocados a cambiar constantemente. Rodaremos girando en círculos alrededor de los fuegos que quieren fundir nuestras pieles. Desnudos de ideas balbucean esperando pero nuestros cuellos no fueron educados para ser serviles. No esta vez. Alzados/as frente a sus miradas llegará el día en que crucemos su barrera y entonces se vean frente al espejo que siempre taparon. Es imposible obviarlo. Susurrado entre generaciones nuestra cadena no es de sonrisas, pero tampoco es de obviedades. Hemos perdido tantas veces que una más será una victoria. Estamos guardando respeto a nuestra forma de celebrar la vida. No entréis si no vais a acabarlo y sólo queréis poneros la ropa de gala para la ocasión. No esperes que os aplaudamos llegado el momento de saltar. Llevamos décadas suspendidos en el aire. Como el colibrí que bate las alas y respira a la vez con la misma energía. Aún creo que el esfuerzo es vano al explicarlo pero quizá esta vez guardes algo dentro para que se quede al menos unos segundos. El optimismo está prohibido como las palabras. Lo sabemos, ¿te sorprendes? Los colmillos de los rayos y los truenos desde tu boca limpia de sentimientos sólo pueden mentir en tu epitafio. Danza. Danza porque la ilusión es el mayor de los engaños creados en la esclavitud moderna. Escondidas las certezas entre ráfagas de viento que quiebran árboles centenarios estamos lejos. Lejos de saber qué es querernos. Pese a ello sigo yendo contra el viento con una sonrisa. La luna llena se ha personificado. No quieras saber en quién porque les estamos educando para que no tengan la  necesidad de ser como tú, vacíos. Rocas que hablan en las noches de galerna. Rocas que se desprenden para seguir su curso hasta la ladera. Corazones que cicatrizados muestran  sus puntadas. ¿Quieres hablar?. Mejor duerme, mejor piensa que hoy es un gran día y que te esperan. Que es útil algo de lo que haces. Que tiene sentido algo de lo que crees y que mañana será mejor. Busca el clavo y trágalo, puede que esta vez sea el alimento que necesitas. Porciones de verdades a medias divididas en falsas y erróneas que por suerte limitan tu ego. El mejor freno a tu ambición es tu propia limitación. Caes y yo sigo ahí, sin inmutarme. Esperando los días y las noches. Asumiendo que las épocas son eso, nada más. Y que los acantilados seguirán viendo las olas danzar y reflejar los rayos de sol para quien sepa detenerse a admirarlas. Desnudos. Temblando.

Escucha “Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen

Texto: Jon Koldo L. Salas (Bandcamp)

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