Crónica: AMFest 2018

// 12, 13 y 14 de octubre de 2018
// Fabra i Coats, Barcelona
// VV.AA.

2018 ha sido el año del nacimiento del nuevo AMFest. Tras 6 ediciones en la céntrica sala Apolo, decidían separar caminos y hacer de la cita algo aún más personal, alquilando la sala y haciéndose la organización cargo de todos los aspectos de la producción del mismo. Un trabajo increíblemente ambicioso y una apuesta que finalmente les ha salido redonda, a opinión del que firma estas líneas. Presentando uno de los carteles más potentes de su historia, la gente respondió asistiendo en un número más que decente y llegando al sold out en la jornada intermedia. Pero vayamos por partes.

Viernes 12

La mejor manera de empezar el festival fue arrancar con los zarauztarras Sofa. Se agradece que la organización siga poniendo el ojo en lo que se cuece por la escena vasca, ya que en los últimos años están surgiendo cosas realmente interesantes, que en su mayoría no llegan a cruzar la frontera sur euskalduna. En este caso, su propuesta de math rock de la escuela inglesa hizo agitar los primeros cuerpos en un escenario 2 bastante lleno a pesar de la hora. De ahí pasamos a la primera de las propuestas experimentales, la de la catalana Linalab, ataviada con unos sintetizadores y una guitarra al cuello iba soltando diferentes capas de ambientes electrónicos acompañados en momentos puntuales por voces lanzadas desde un teléfono. Primera gran sorpresa de esta edición.

Salto al escenario principal para presenciar, ante una gran cantidad de público, a los noruegos Soup. Lo suyo son las sintonías relajantes y progresivas que fueron llenando las tablas de sutileza y elegancia que hacían recordarnos por momentos a Sigur Rós. La siguiente gran cita que presenciamos fue la de los belgas Amenra, también en el escenario grande. Altísima expectación por ver a una de las formaciones más importantes del post metal europeo, líderes de la intensidad y maestros de lo oscuro. Perfectamente acompañados por unos visuales minimalistas en blanco y negro tan mínimos pero efectivos como las notas que desprenden los músicos que se mueven al unísono en esa especie de ritual que dirige a la perfección el carismático Colin H. van Eeckhout.

La jovencísima Eevee y su electrónica chill nos dio un respiro e hizo que nuestros oídos pudieran descansar tras esa apisonadora sonora. Acompañándose de diferentes samplers de Silent Hill, lo de la holandesa fue más una sesión de electro que un concierto propio, no obstante, a un servidor le convenció más que de sobra. La verdadera fiesta llegó con Mutiny on the Bounty. Sorprendió la cantidad de seguidores que les acompañaron coreando prácticamente cada uno de sus riffs característicos que adaptan una sonoridad cercana a un órgano más que a una guitarra. La gente se volvió loca con sus creaciones de math rock sutil y sin excesos. Se creó una conexión buenísima y se convirtió sin duda en una de las citas más reseñables de la jornada inaugural. Aunque aún faltaban los clásicos 65daysofstatic por ocupar las tablas del escenario 1 en lo que acabó siendo un concierto “difícil”. Estaba anunciado que lo de que aquella noche no sería un set habitual centrado en su riquísima y reconocida discografía sino presentar por primera vez en Barcelona su “Decomposition Theory Show”. Un espectáculo donde las animaciones procedurales son las protagonistas, y en el que las luces y el sonido son llevadas al extremo. A pesar de todo esto, parece que no llegaron a convencer a una gran parte del público que, quizá llevados también por el cansancio de tantas horas de música optaron por abandonar la Fabra i Coats. En mi opinión, una pena, ya que lo que se vivió esa noche probablemente no vuelva a repetirse por estos lares.

Sábado 13

Volver a arrancar la segunda jornada del festival se hizo duro, pero mereció la pena acercarse pronto para ver el show intimista de Owen. Perfecta acústica sentada con la peculiar voz del líder de American Football que incluyó una coreadísima versión del clásico “Never Meant”. Hipnotizados por los encantos de Mr. Kinsella, nos desplazamos hasta el escenario experimental, donde IOU3R descargaban su dosis de electrónica oscura acompañados hasta de un theremin. Propuesta bien diferente la de Caligula’s Horse que aunque nos dejó algo fríos con una propuesta algo manida ya por estos lares, supieron defender sus creaciones más que decentemente.

Si que nos sorprendió Jaime L. Pantaleón, con quien pudimos conversar unos días antes del festival, presentando su nueva faceta electrónica espacial. Un compañero me comentaba que su propuesta le recordaba más a la intensidad musical de la vieja Star Trek que a los pasajes extremadamente alargados que se ven hoy en día en estos estilos. Tirando de sintetizador, marcando el paso con ritmos sin complicaciones y con mucha decoración. Quizá a una hora más tardía hubiera entrado mejor, pero salimos más que convencidos.

Los que también se marcaron un auténtico conciertazo fueron A Storm of Light y sus sonidos potentes que iban acompañados de una presentación audiovisual impresionante cargada de crítica social. Pesadez sludgera y ambientes post consiguieron una resolución espectacular, tremendamente disfrutable y sin duda supusieron una de las grandes sorpresas para muchos de los asistentes. Menos sorprendente (por lo conocidos que son) supuso la actuación de Mono. Lo de ellos es apostar al caballo ganador, sabes que van a dar un recital increíble, que te van a poner los pelos de punta y que incluso puede que te hagan soltar una lágrima. Y así fue. El inicio de concierto, con su tema de adelanto del nuevo disco sonó muy post metalero y costaba reconocer quién estaba sobre el escenario, pero con el paso del tiempo fueron empezando a sonar sus clásicos infalibles en los que se puede intuir que tratan de añadirles ciertos toques oscuros que hace años no hacían.

Por diferentes motivos, no pudimos ver nada hasta que Toundra se subieron al mismo escenario que los japoneses. Si con Mono ya era difícil encontrar un buen hueco para verles bien, con los madrileños fue casi imposible. Habían provocado el único sold out de esta edición y eso se notaba. Poco que decir, era la primera vez que tocaban en la ciudad condal presentando “Vortex” y salieron más triunfantes de lo que entraron. Lo suyo es pura energía sobre las tablas, energía que logran trasladar a cada unos de sus cuatro instrumentos. Otra liga. Igual que los locales alocados de Za! que para quienes optaron por quedarse hasta el final otorgaron un freak show sonoro de muchos quilates. Una vez más, quien ya les había visto no creo que saliera sorprendido, pero para el oyente novato, es sin duda toda una experiencia. Imposible de encasillar en un estilo y género, pero no hace falta. Za! son Za! y punto. Llegas, lo disfrutas y te vas a casa preguntándote qué es eso que acabas de ver y te ha encantado. No hay más.

Domingo 14

Última jornada de esta renovada edición con un domingo lleno de música en una sesión más corta que sus antecesores. Se notaba en las caras del público que eso de salir de casa un domingo por la tarde se hizo un poco cuesta arriba. Pero los recitales que nos dieron los 4 artistas que se dieron cita en la Fabra hizo que mereciera la pena. Sentados en sillas nos hizo esperar el mini retraso de Lisa Morgenstern. Se le perdona, ya que la alemana dio todo un recital neoclásico y pausado con una voz tremendamente sorprendente llena de registros diversos. Iba sentándose y poniéndose de pie como en misa para llegar a sus diferentes teclados y samplers, mientras se lanzaba ritmos electrónicos que acompañaba con su voz hipnótica. La verdad es que estábamos realmente bien de pie, pero la ocasión que se preparaba en el escenario principal hacía que tuviéramos que abandonar nuestras sillas. Giardini di Miró desde Italia, viejos conocedores del festival (actuaron en 2013), ocupaban la mayor parte del escenario con sus vientos, su doble batería y elementos varios con los que mostraron su propuesta de post rock honesta, de primera época con leves acercamientos al progresivo.

Un aforo más reducido respecto a las jornadas del viernes y sábado pudo disfrutar de la esperadísima actuación de Emma Ruth Rundle tras la cancelación de su show el año pasado. Lo suyo fue un concierto intenso lleno de sube y bajas con una peculiar voz misteriosa que se centra en un registro que apenas varía que lo abarca casi todo y se convierte en su marca personal. Y como broche final al AMFest más especial de todos, la organización se guardaba un as en la manga. La actuación después de muchísimos años de The Notwist. Un servidor apenas les conocía y tengo que reconocer que me llevé una tremenda sorpresa. Los alemanes presentan una curiosa propuesta que nada entre el emo de los 90 y la electrónica de bases scratcheadas. Su set fue una sucesión discontinua de temas noventeros con otros experimentales a los cuales incluían hasta sonidos de xilófono, haciendo que parecieran dos conciertos diferentes. Una manera maravillosa de cerrar la mejor edición de toda la historia del AMFest teniendo en cuenta todo el trabajo que bien sabemos que ha habido tras unos meses duros. La organización ha puesto el listón muy alto, y no sabemos qué nos deparará el 2019, pero seguro que no dejará a nadie indiferente.

Texto: Bikendi Cadelo (@b_cadelo)
Fotos: Jordi Bertrán

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