Crónica: EzDok Fest en Eibar

// 1 y 2 de junio de 2018
// Complejo Deportivo Unbe, Eibar
// VV.AA.

Viernes 1 de Junio, 18:15

Por fin se acabó la semana, apagué el ordenador y me dirigí al coche contento, diría que nervioso, con esa inquietante sensación que te acelera cada vez que vas de festival. ¿Cómo no me iba a poner nervioso con semejante cartelazo, si se juntan todos esos bolos que ves una vez al mes, pero todos a la vez en un solo lugar?

En estos casos siempre es igual, nada más hablar de festivales nos vienen a la cabeza palabras como camping, hotel (si eres pudiente), viaje, madrugón, etc. Pero de pronto te dices a ti mismo, “joder si Eibar está al lado de casa, que coño hago buscando la esterilla”. Sí señoras y señores, han leído ustedes perfectamente, estrenándose por primera vez en su historia ha nacido EzDok Fest (de la mano del pequeño bar EzDok, situado en el mismo pueblo), un oasis inesperado en el centro del País Vasco, un festival con un ADN muy eibarrés de armas tomar.

Si salir de trabajar a 45 minutos de empezar  el primer concierto no fuera suficiente reto, hacer el trayecto pasando por uno de los pueblos más altos de Gipuzkoa no ayuda. No hace falta decir que llegué tarde a la cita. Tras toda la penitencia de aparcar y coger el bus lanzadera a las instalaciones deportivas Unbe, desembarqué en un lugar tan misterioso como atractivo. El escenario se perdía entre las olas del bosque, donde surfeaba una enorme ballena en forma de escenario mirando fijamente a todos los que llegábamos. Sinceramente las fotos no hacen justicia a las sensaciones in situ. Un campo de futbol de hierba artificial (un detalle vital teniendo en cuenta la diluviada que caía) rodeada con todo lo necesario: barra, puesto de tikects/merchandising y una fila variopinta de foodtrucks. Ah y baños, muchos baños.

Las primeras canciones que me perdí fueron de los bilbotarras Vulk, un grupo con mucho acento británico, no sólo en las letras sino por su estilo post punk rebelde y camisas de los 70. Riff callejeros de guitarra y contestaciones desafiantes de bajo hacían menear primero los pies y poco a poco subían, pasando por cadera, llegando hasta el cuello. Pura energía sin duda.

Todavía sin aterrizar del todo, montaban en el escenario los integrantes de Joseba B. Lenoir. Es entonces, mientras repasaba la lista de los integrantes, cuando se me empezó a subir la ceja y fruncir el ceño cuando conté: un bajo (bien), una guitarra (bien), segunda guitarra (bien), un teclado (bien), una batería (bien) y… eso… ¿Eso es otra batería? Pues sí, una apuesta muy interesante. Los ritmos sureños de guitarra de Joseba junto a las maraca-baquetas de una de las baterías, que recordaban al seseo de una serpiente cascabel nos hizo sentirnos secos durante unos minutos, como si viajáramos en un flamante Cadillac descapotable por las carreteras interminables del desierto.

¡Uff! ¡Qué calor! No nos habíamos sacudido la arena de las botas cuando arranca Dead Bronco. Sin tiempo para descansar, había que bailar y gritar al ritmo de banjo traído desde el mismísimo infierno. Fieles a su estilo no faltaron canciones rockabily, country o folk, autodenominado por ellos mismo como “broncobily”.  Buena sudada con bailables al puro estilo americano, con lo que un pelín antes de que acabara el concierto nos pusimos a la cola de las foodtruck disponibles en el recinto ¡Había que recuperar fuerzas, la noche venía cargada!

La lluvia insistía en quedarse y seguía cayendo con intensidad, como llevaba haciendo durante las últimas 3 horas. No importaba, algo interesante se estaba cociendo, una pancarta muy llamativa con ciertos tonos arcade se desplegaba en el fondo del escenario. El cuarteto formado por los jóvenes de Mungia estaban listos. Se apagaron las luces y reventaron los bafles, tonos eléctricos MIDI con sintetizador traspasó como un rayo invisible a todos los asistentes. Bajo el hechizo de Belako, dominaron a todo el público (a mí personalmente), hicieron con nosotros lo que les dio la real gana. Emanaban rabia y rebeldía a raudales, como si nunca se les fueran a acabar las fuerzas, saltos, gritos bailes. Tal y como dice una canción de su último disco Over the Edge (temón por cierto), nos llevaron al límite, tan al límite que la hora de concierto se esfumó como si de un minuto se tratara.

Semejante huracán dejo una estampa desoladora que costaría recomponer, una tarea difícil, pero nada imposible para los siguientes dos conjuntos, venidos directamente desde Madrid para esta acometida. No se medió ni una sola palabra en las siguientes  dos hora y media (exceptuando varías palabras de agradecimiento al público desde las pastillas de la guitarra). Primero Toundra y posteriormente Jardin de la Croix rehabilitaron nuestros cuerpos magullados trozo a trozo. Dos de los mejores grupos instrumentales del estado hicieron de su música delicias para nuestros oídos. Su técnica indiscutible y buen gusto nos separó de nuestros cuerpos, llevándonos de viaje por los paisajes del desierto con el último disco Vortex o excursiones por sitios más fríos como Alaska con canciones como Trail from Alaska. Es imposible describir su música mediante palabras, por lo que os recomiendo vivamente compraros los discos y sentados tranquilamente en vuestras casas escuchar a estos dos grupazos. Simplemente cerrar los ojos y dejaros llevar. No hace falta decir que es de obligado cumplimiento disfrutar de ellos en vivo y en directo.

Un ambiente reconstruido se empezaba a vislumbrar en la recta final del primer día, las flores volvían a crecer en el árido terreno, las carnes volvían a sentir el calor. Nada más lejos de la realidad, el estruendo se volvía a desatar en aquel reducto de Eibar. Poesía recitada de una manera desgarradora, 45 minutos intensos que te invitan hasta lo más profundo del ser de uno mismo. Un cocktail de emociones de nostalgia y vivencias recorrieron nuestras mentes con voces screamo de Viva Belgrado.

No nos quedaban muchas fuerzas, las piernas tiritaban y la lluvia no cesaba, pero aún teníamos un último chute de adrenalina con Nerabe, una banda de reciente creación formado por músicos más que conocidos en la escena local. Una manera muy agradable de poner fin a la primera velada del festival, responsabilidad que cumplieron con creces, aún con el alto nivel demostrado por sus antecesores.

Con las guitarras ya desenchufadas y con necesidad de cama, fue imposible no dormirse en el bus lanzadera al pueblo, sin fuerzas para nada nos montamos en el coche y nos pusimos de camino a casa. Primer asalto: aturdidos, pero vivos.

Sábado 2 de Junio, 16:30

La segunda mitad de esta aventura ya había arrancado, se notaba el cansancio del día anterior, pero tras haber dormido todo lo posible me disponía a cargar las pilas con buen café con leche y un bollo de mantequilla, se nota que estamos cerca de tierras bizkaitarras. Cogimos el primer bus que subió al recinto, eso sí, haciéndonos un poco de rogar ya que todavía no había gente suficiente para llenar el autobús…

El panorama arriba era totalmente diferente en comparación con la jornada pasada, un sol redondo y radiante brillaba sobre nuestras cabelleras. Al igual que el día anterior buscábamos cobijo, pero esta vez por un motivo muy distinto.

El ambiente estaba apagadete, situación que duró bastante poco cuando Comité Eléctrico encendió sus amplis y como si de una reanimación se tratase nos aplicó varias descargas a modo de sermón, recordándonos los 7 pecados capitales. Algo preveían estos amantes del rock puro y sin cortar de toda la vida, y es que el día prometía estar lleno de pecados.

A toda pastilla” y sin tiempo para reflexionar sobre el sermón anterior montaron sus bártulos los siguientes en actuar. No es la primera vez que tengo la suerte de disfrutar en directo de DobleCapa, es de esos grupos que no te cansas nunca, con su adaptado estilo de blues vestido de underground no dan tiempo a despistarte. Qué demonios tiene esa pequeña cigarbox que te absorbe por completo, todavía no entiendo cómo algo tan pequeño puede sonar tan contundente. Aunque no se parezcan en estilo, a modo de recomendación personal, diría que a todos aquellos que les guste este fantástico dúo sintonizarán perfectamente con Niña Coyote y Chico Tornado, la fuerza de las dos baterías y el poder de las guitarras parece que se hermanan. Y para cerrar mi carta a los Reyes Magos, pido un bolo con ambos juntos, ¡por favor!

Para seguir con este fantástico festival, desde Bilbo encontramos a un increíble cuarteto, Mud Candies. Siguiendo la línea un poco country y americano del festival animaron el cotarro de una manera inmejorable, haciendo bailar hasta al más perezoso del lugar. En ciertos momentos dudaba si seguía en Unbe o cabalgando con mi sombrero vaquero en algún rincón perdido de los campos de maíz de Ohio o Illinois. ¡Yeeeeeeha! Una música muy divertida en todos los aspectos, no faltaron ukeleles, ritmos juguetones y hasta un pequeño metalófono.

Aunque eran las 19:40, y todavía de día, una especie de nubarrón cubrió nuestras cabezas, oscureciendo el escenario. Algo estaba pasando, pero sólo veíamos a seis tíos montando en el escenario. “From the Shadows”  arrancaron los gasteiztarras con un sonido potente, tan poderosamente decidido y espacial que recordaban a la psicodelia de los inicios. Con su quinto álbum, The Soulbreaker Company no tiene nada que demostrar, un grupo muy consolidado con las ideas muy claras y un estilo propio impresionante.

¿Qué ocurre si metes en un bote ritmos de rock, buena técnica, un poco de psicodelia y greñas, muchas greñas? Pues que la mezcla es tan arrolladora como lo que han conseguido hacer los madrileños de Melange. Un grupo tan natural y originalmente caleidoscópico que sin darte cuenta conecta con el público. Disfruté como no hacía tiempo, solamente viéndoles tocar, los detalles de bajo, ritmos de batería y riffs de guitarra que poco tienen que envidiar a nadie, sin olvidarnos de las melodías/coros y los acompañamientos del teclado. Sin ningún problema admito que para mí ha sido un grupo de reciente descubrimiento y me han fascinado. Éste es un claro ejemplo del nivel que tiene este festival, aun siendo su primera edición.

Llegamos a la mitad del día, después de cinco grupos, ¡Todavía faltan otros cinco! Sin dejar tiempo para el relax, el grupo local Kokein ya calienta. La miniprueba de sonido pone nervioso al personal, augurando una próxima hora muy rockera. El quinteto rasga los primeros acordes y los pelos ya de punta. Canciones como “Gaur” o “Larruak” dejan claro su fuerza y crudeza, aunque con una especial habilidad de tocar ese tipo de canciones y hacerlas bailables es un claro ejemplo de la calidad de este grupo. Una buena puesta en escena, desde la rabia de los guitarristas/bajo, la locura del batería y la potencia de Zaloa cautiva al público, esta vez con un vestido muy brillante (que más tarde en petit comité confesó ser de su propio fondo de armario).

El momento del festival había llegado, el concierto que más expectación había generado estaba a punto de empezar. El ambiente se sentía cargado de tal manera que se te erizaba el pelo hasta el punto de saltar chispas entre el público. Con la tormenta eléctrica ya sobre nuestras cabezas y con las luces todavía apagadas, arrancaron unos temblores a ritmo de Dardaren bat. La conexión con el público fue instantánea, las dos partes se convirtieron en uno durante los siguientes 90 minutos. Sin apenas descanso tocaron un variado repertorio de su extensa lista de canciones recuperando temas de discazos como Payola, la ocasión lo merecía de veras, ambiente rabioso y potente. Durante los veintitantos años de historia del grupo de Lekunberri, ésta fue la primera vez que tocaron en Eibar, con lo que no pudo faltar un pequeño guiño a modo de cover de David eta Goliath de Su ta Gar, pioneros del heavy metal vasco. Con el primer concierto de Berri Txarrak en tierras vascas desde el BEC, vienen para quedarse, o por lo menos durante el verano, con varios conciertos cerrados siendo el último de ellos el 15 de Septiembre en el Donostia Festibala. Por lo que no tenéis excusa para guardar una fecha en vuestras agendas y disfrutar de uno de los mejores grupos del momento.

El aterrizaje de semejante viaje fue duro, el cuerpo ya mostraba síntomas de cansancio acumulado de 15 horas de festival. Sería yo, porque el resto del público seguía ansioso de más, y lo iban a tener sin duda. Con los suficientes galones para la misión encomendada saltaron al escenario los madrileños de Biznaga. Dios, qué manera de despertar a la gente, un punk muy trabajado con melodías y punteos que esconden muchos años de experiencia y kilómetros. Desenfadados, con ganas de decir cosas, despertar nuestras conciencias ante la rutina y lo estúpido de la rutina.

Muchos pensarán que ya esto iba cuesta abajo y he de admitir que para mí así lo fue. Tuve que entonar la melodía de retirada y dirigirme hacia el autobús lanzadera. Con una pena terrible ya que deseaba ver en directo a los dos siguientes grupos, pero por desgracia no pudo ser, el cansancio era más fuerte que las ganas y con una hora de coche de vuelta a casa mejor no jugar con eso.

De todas formas, y con información de confianza de primerísima mano, puedo aseguraros de que los conciertos de Futuro Terror y Cuchillo de Fuego no defraudaron en absoluto. Increíbles como siempre, temas bailables, ritmos rápidos y letras tan inverosímilmente reflexivas. Otra vez será.

En estos tiempos que se debe contar y resumir todo como mucho en 160 caracteres, no me alargo más. Simplemente felicitar a los organizadores del festival, espero que todo haya salido bien, sin incidencias y después de todo sigan con ganas de repetirlo el año que viene. ¡Hacen falta más festivales como éste! Grupos de calidad en un emplazamiento de nivel sólo puede tener un futuro muy prometedor. ZORIONAK!

Texto: Ander Guerrero
Fotos: Juan TaTorri (@tatorrishoots)

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