This Will Destroy You – Live in Reykjavik, Iceland (2013)

Las posibilidades de que de un concierto acontecido en 2013 no haya ni un solo vídeo en Youtube son escasas, que además justo ese directo sea publicado me parece ya premeditación y alevosía. Si bien creo que Reykjavik puede ser una de esas ciudades llena y rodeada de lugares perfectos para el género, This Will Destroy You necesitan apenas tres minutos para ser capaces de aislarse de todo y de todos/as y recrear su propio «no lugar» y, ya de paso, dejar claro que ellos son ellos y que podrían ser el híbrido imposible, o mejor aún, el eslabón inexplicable entre los Isis del “Panopticon” y los Explosions in the Sky de “First breath after coma”. Es decir, la suma de la belleza, los sintes alargados y la producción llevada al directo con la maestría que atesoraron en su última etapa, y más refinada, la banda de Turner y esa capacidad de simplificar la delicadeza y desbocarse cuando el tema lo requiere de los de Texas. Así, con apenas un par de trucos dignos de la época dorada de Chemikal Underground mantienen la línea de bajo sosteniendo nota para que las guitarras vayan de la sencillez a duplicar su presencia y actividad y la batería tense el conjunto hasta un clímax de libro. Podrían haber hecho millones de canciones así, tres o cuatro notas, una guitarra deconstruída de menos a más y una sección rítmica agresiva in crescendo en ocasiones atropellada e intensa sobre esa cama de teclas etéreas. Se suceden las caídas descendiendo un poco más con cada subida hasta que la violencia se abre paso reventando los equipos. “A Three Legged Workhorse” y “There Are Some Remedies Worse Than The Disease” son los dos temas que abren el triple vinilo y conforman la cara A, menuda forma de comenzar un concierto. El silencio del público, incluso su quietud me llaman la atención con esta banda. Quizá absortos/as, ensimismados/as, viajando de forma introspectiva o abstraídos/as de toda realidad que requiera prestar atención a lo que ahí sucede, pero la realidad es que en este directo del que no hay imágenes, no se oye una mosca, grito de iluminado/a o choque de hielos en un vaso. Es un directo, no necesariamente un concierto presencial que pasa a ser concierto en diferido cada vez que lo escuchemos. Un concierto infinito pues.

La cara B se abre con uno de esos breves interludios extraídos fusionado con frecuencias de fondo marca de la casa que sirven para romper con la dinámica de los temas anteriores y para llevarnos hasta las siguientes notas. De orilla a orilla. Hasta que volvemos a sumergirnos. Momentos así son los que permiten en mi cerebro crear un fino hilo entre los floyd que se nos presentaban en “Pompeii” con los pies llenos de tierra, Godspeed you black emperor! y This Will Destroy You. El despliegue vuelve a ser épico, solemne y como decía un amigo, hay dos tipos de bandas, a las que no se les escucha el bajo y las que lo tienen un poquito por encima, casualmente, me gustan las segundas. Inmenso. Cuando proyecto la influencia de esta banda, por desgracia para mi gusto, creo que en cambio temas como “Burial on the presidio banks” son los que han calado. Reverb, sonido más estándar, frecuencia más sencilla imitando a un ebow o empleándolo, una cadencia de notas más clasicista y menos disonante y un cierto sentido de composición de sofá en lugar de situarse en un precipicio con los pantalones gastados y el calzado roto contemplando el romper de las olas. Ha calado el postrock de salón pureta con vinilos colgados en las paredes para tomar gintonics supongo. Por suerte, esta gente no es tan hortera y la quietud y el preciosismo conllevan cierto aire plomizo al sonar el crujido casi crepitante de unas llamas en el silencio de la noche. Lo paisajístico sin la épica de los delays cristalinos de otras bandas en ellos tienen desasosiego y un cierto sentido grisáceo, a ciudad del futuro desgastada por el mal uso. A optimismo desengañado hasta que las guitarras, danzando entre el ruido, se transforman en violines.

Entramos en la cara C con una continuidad que ayuda al cd y formatos digitales. Con esta banda suelo acabar viendo ceniza en sus canciones y es debido al tratamiento de las frecuencias en sus interludios y en la producción de sus arreglos, son un cuarteto que tiende a ensuciar y llenar todo de grano, unos orfebres de las texturas. Unos detallistas del noise como traje que envuelve las cuerdas y el propio aire. De ahí la ceniza, una vez en el ambiente, se queda suspendida, cosa que favorece esos medios tiempos y sus momentos más pausados y que una vez adherida a sus melodías, sólo puede acompañarles cuando las canciones se encienden. “Glass realms” nos lleva a la banda sonora de Blade Runner sin complejos, esa parte de la historia de la música de guitarras que ha tardado años en encontrar su lugar y que no siempre ha sido un acierto. Sintes, texturas, cuerdas, efectos, percusión y oxígeno en perfecta armonía sin alardes, sin ninguna gran verdad que explicarnos. Sencilla complejidad. No lleves manga corta si no quieres sentir su contacto con tu piel. Llegamos al epicentro del directo, y queda claro por qué TWDY son el grupo perfecto para sacar un disco de este modo. El comienzo de “Communal blood” nos ubica en el centro del escenario, tumbados/as entre la banda. Ya no somos público, han roto la dichosa pared. Te han jodido el día.

“Quiet”, cara D. Han pasado algunas semanas desde el texto de las tres primeras caras del álbum, cosas de que KEEP AN OPEN MIND sea la web amiga, esa que te permite escribir y encima hacerlo libremente. Los compases de la banda me recuerdan aquella reseña de su “Another language” en el que mis palabras y la música postrock encontraron un refugio. La ceniza dichosa. La energía estirando los cables de alta tensión fundiendo paisaje, tu imaginación y mis manos ahora en un teclado. Nuestras cabezas como peleles en una época que ni nos reconoce como hijos/as de la misma, ni pretende hacerlo jamás. El tiempo es sólo eso, tiempo. Tiempo que se va, emociones que se diluyen y nada queda, silencio. “They Move On Tracks Of Never-Ending Light”, meditando, con la mirada perdida y la mente demasiado lejana a un cuerpo. ¿Has probado a mirar los reflejos de la luz en las olas lejos de la arena?. Es mágico y, probablemente, se lleva haciendo desde hace miles de años, por personas, por otros animales. Por eso me duele ese postrock de saltitos y actitud más propia de Guns n Roses y las bandas de metal chusco. Por eso es imposible que tenga sentido un concierto de esta intensidad rodeado de personas que quieren ver Disneyland y a Mickey diciendo sus frases célebres. Indietrónica en un guiño a müm. TWDY se manejan perfectamente en lo orgánico de las máquinas, los pedales son máquinas, las guitarras y amplificadores son creaciones humanas. Pero pueden poseer alma, también hay personas que pueden no tenerla. Cuestión de equilibrios. Su estilo a la hora de diluir las guitarras en este tema quedan más que  demostradas. Sirve todo para un colchón que sólo podríamos disfrutar en ese extraño mirador propuesto por la naturaleza desde tiempos inmemoriales para unos/as pocos/as y su capacidad para parar el tiempo.

Entramos en la cara E, “Little smoke” sigue el hilo encontrado de forma insinuante, con cierto tono oscuro. Pesadumbre. En momentos así sólo puedo imaginarme a esas personas que buscan el constante subidón y una belleza simple y simplista pensar que se aburren. Y es el momento justo para que todo estalle, pero nunca lo entenderán desde su perfil de instagram. Agonía, está todo perdido pero hay que librar la batalle aun así. Nuestra existencia es un grano de arena frente a la basta existencia de esa playa, esas olas, esa montaña y esa luz reflejada. Qué más da. No somos tan importantes, no  somos imprescindibles frente a algo así. De hecho, sólo ser absurdos/as nos puede hacer creer que sí que tenemos un papel en todo esto. Manteniendo esa dureza, esperando que sus cabezas por fin lo comprendan, al menos una parte. ¿Crees que con un minuto lo hubieran entendido? ¿Crees que sus zapatos caros no les distraen lo suficiente?. Vacíos/as por dentro. Como debería ser EL ARTE, una expresión, un vehículo, una herramienta que utilizar con todas sus consecuencias en un contexto.

Cara F,  “The Mighty Rio Grande”. El último cambio de cara, se acaba. Ser conscientes. Se ha  creado así de forma consciente. Se ha seleccionado que este disco acabe con estas dos canciones pero antes, aplausos, aullidos. Comienza el fin. Una casa en la montaña espera entre árboles que volvamos a visitar su humedad, su aire tan puro que ya nos duele, que lo intoxiquemos con nuestras rutinas sin demasiada épica. Hemos caído en la nada. Nos rodea la nada. El primer mundo está viviendo sus últimos coletazos, nos creemos en una sociedad postindustrial mejor que ninguna otra época y en realidad estamos en una crisis manteniendo la mentalidad de los momentos gloriosos. La perspectiva del tiempo no es un caramelo para el consumo, las firmas, las marcas, las redes sociales y los miedos. La educación no podría crear monstruos con una perspectiva histórica más compleja que no nos redujera a regiones, culturas, pueblos… raíces siempre, pero formando parte de algo, no siendo de nuestra propiedad. La palabra, el uso de ella y su ausencia, significantes y significados, Y consumos, desmesurados. El arte como bastión. Ambas palabras son necesarias. Arte. Bastión. Vivimos una guerra sin saber que ellos/as la plantean así porque las leyes no están preparadas para las malas personas sino para los/as buenas personas que se equivocan. ¿Qué podríamos hacer si alguien mientras tú sueñas piensa cómo manipular su entorno en busca de su propio beneficio? Pues esas personas te rodean, compran junto a ti el pan, se suben al autobús a la vez que tú (bueno, probablemente ya hayan estudiado la situación y se cuelen delante de ti ya que sólo quedan dos espacios libres). A buen seguro educarán a sus descendientes del mismo modo. Pero no, tú no. Y el hecho de pensarlo quizá te haga sentir que estás siendo injusto/a. Necesitamos pararlo todo y ver cómo se mueven para que sus inercias les quiten las caretas. Es mayor ese enemigo, que aquellos/as contra los/as que nos enfrentamos. Aquellos/as no son tantos, pero están en dos bandos, en frente y al lado nuestro. Eso lo complica todo. Los compases de batería nos llevan a una batalla. La estrategia ha cambiado, ha llegado el momento de ir desvelando sus rostros con dulzura, entre abrazos, pasteles y filtros valencia. Porque nunca serán de los/as nuestros/as, sobre todo, porque ellos/as sí creen en un nosotros/as, pero nosotros/as, no sabemos quiénes somos. Pero sabemos quiénes NO somos y por quiénes no nos vais a hacer pasar ser. “Threads” cierra el disco. No es posible vincular la inmensidad de este tipo de discos al punkrock melódico, lo siento. Creo que es un tema disociativo emocional. No hay forma correcta de sentir, pero hay cosas que no pueden ser. Cercano a la música de cámara, con cambios en los compases, podrán imitar esta fórmula pero les será imposible arriesgar, porque si buscan el aplauso eso es incompatible, porque si se posicionan eso les excluye. Sólo pueden robar vuestro cliché como el enésimo cartel con lechuzas y signos ocultistas publicado desde un iphone. Sólo pueden buscar coartadas sin vivencias, sólo pueden hablar del dolor cuando lo único que les puede doler es no existir. Aplausos. Salta la aguja. Parece que el surco se han hundido un poco más. Vaya joya de disco.

Texto: Jon Koldo L. Salas (Bandcamp)
Foto: Adriana Martín de Aguilera (@thelostdreamer)

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